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jueves, 30 de mayo de 2013

Arichuna

La entelequia del "El Dorado" contituyó el espejismo de mayor efectividad en los afanes de conquista. El mito galvanizaba la conciencia y el interés de los hispanos. El mejor de los esfuerzos tanto individuales como colectivos de los hombes que llegaban de España estaban orientados en confirmar la veracidad de la leyenda en la quimérica mente de los aborígenes.

Se hablaba del El Dorado como realidad tangible. El sentimiento aventurero se sentía atrapado por la saturación de aquella máxima utopía. El "Fantasma de las Alas de oro" galvanizaba la conciencia y la ambición de los conquistadores. Hasta hombres cultos como el Capitán Pedro Malaver de Silva sintieron la poderosa influencia del mito.

Pero no solo el mito de El Dorado, se mantenía en la mente de los conquistadores. Otros mitos, la aturdían. Querían encontrar en América el principio de la alquimia medieval, la quita esencia de la tintura o elixir de la vida y del amor perdido.... Buscaban la fuente de la eterna juventud...

Por ello, ante lo quimérico del ensueño engendrado con fábulas que llegaron a España, procedentes de América y ampliadas por la imaginacion mediterránea, bien en el luminoso mar latino o en las arideces de la estepa castellana, la aspiración de hallar el profundo secreto de lo ignoto, tomaba proporciones de anhelos indomables e incontenibles.

Y este misterio que había hecho latir más aceleradamente el ritmo de los corazones de los aventureros hispanos (y de otras latitudes), se fue el máximo interés de dos hombres representativos en la conquista de Venezuela: El nombrado Capitán Malaver de Silva y  Garci-González, que llegaron a las nuevas tierras poseídos por el poder de seducción del mito. Les acompañaban el hidalgo Luis de Leiva y pundonoroso Juan Fernández, el portugués. 

Diego de Losada, Fundador de Caracas



Gracias al mito, Garci-González remontó el Orinoco al sur de Venezuela, tomó el Caroní, alcanzó el Roraima, culminando su empresa en las ibéricas tierras de Brasil. Por su parte Leiva y Fernández, el portugués , buscaron la "Ciudad Dorada" en el centro de Venezuela (llamada por el Almirante Colon como Tierra de Gracia)...Poco después el sortilegio quedaba roto. Ni en oriente, ni en el centro, ni el sur, ni en occidente, El Dorado daba señales de existir. El esfuerzo no se frustró. Se fundarón pueblos y una ciudad: Valencia del Rey (al oeste de Caracas).

Aquellas tierra del centro de Venezuela pertenecían a Queipa. Unas tierras que deseaba ardorosamente otro cacique, Guaratari, que con su impetú guerrero, que luego demostraría contra los conquistadores invasores, intentaba arrebatarle a su legitimo dueño.

En el fragor de la disputa, Queipa muere a manos de un piache llamado "El Tiznado" que servía a los propositos de Guaratari, surgiendo como jefe de lo que los españoles llamaron "El Señorío de Queipa" Arichuna...

Arichuna es descendiente jirahara (una rama o etnia caribe). Hombre con gran sentido de la responsabilidad y honradez. Supo mantener la prosperidad que Queipa le había dado a sus tierras. No solo erán prosperas aquellas tierras. Eran progresistas. Arichuna intentaba mantener al margen a Guaratari, al tiempo que evaluaba a los "pieles blancas"...Poseía lo que Fernández el portugués llamaba el "secreto del mando". Hasta los indios de las tierras de Tacarigua, seguían fielmente a Arichuna, porque les hacía sentirse seguros.


Arichuna entabló buena amistad con el portugués. Los primeros contactos entre conquistadores y aborígenes del Señorío, los hizo  Juan Fernández con Queipa. Prudentemente el portugués fue ganando la confianza de Arichuna, que mantenía sus recelos de aquel hombre "no tan blanco, pero tampoco tan sanguinario". El portugués se mostró honrado y siempre cumplió su parte de las negociaciones e intercambios. Mientras el portugués fue el enlace entre conquistadores y Arichuna, no hubo enfrentamientos entre ambos bandos.

Una mañana, Arichuna despierta con una noticia: Imprudentemente Juan Fernández, el portugués permitió el que fuese descubierto su origen...Era un almorávide, un infiel para los ojos españoles...A pesar de los esfuerzos por demostrar sus cualidades y méritos por parte de Juan de Leiva (el hidalgo que le acompañaba), el fanatismo pudo más que los argumentos invocados. Su honradez, bondad, heroismo, su inteligencia, de nada sirvieron porque había nacido de una "mujer árabe". Dagali, el verdadero nombre del portugués, fue perseguido y apresado.

El tribunal inquisitorio establecido para juzgar al "infiel" le declara culpable de los cargos (nunca fueron explícitos con los cargos). La sentencia se anunció en la entonces plaza mayor de Valencia del Rey: Muerte por Empalamiento.

Arichuna, que escuchó la sentencia de oidos propios y tenía buenas relaciones con el Justicia Mayor de la ciudad, Antonio López del Riego, solicitó el perdón del infortunado Dagali...

-No puede ser que por no tener el mismo Dios, se pierdan las otras cualidades- le dijo Arichuna al Justicia Mayor
-Dios es uno y verdadero- Respondió. Nosotros lo representamos. Nuestra inmaculada trayectoria ha sido manchada por un infiel.
-Y aquellos que matan a los indios, no merecen castigo similar?
-Matan en nombre de Dios...Ya están perdonados...




Fracasada la gestión del perdón, Arichuna, decide salvar a portugués. Un plan sencillo,  resultó ser efectivo.

Dos días antes de la ejecución, Algunos indios de Tacarigua, atacan el puesto español que defiende el agua que va a la ciudad de Valencia. Son unos 30 contra 150 indios que atacan.

-Extraño es, esté ataque- Comenzó a decir el hidalgo Luis de Leiva- Los Tacariguas son tranquilos...Cuántos soldados hay??.
-300 su excelencia- Respondió el comandante del batallón.
-Llevelos al río...Será rápido. Solo persuada capitán, no mate indios en la medida de lo posible.

Todos los soldados de la ciudad salieron a defender la toma de agua. Solo quedaron dos. Los que custodiaban al preso.

Fue entonces cuando Arichuna entró en acción. Con 3 hombres más, redujeron a los guardias y entrarón en la cárcel. El portugués fue liberado y llevado al Señorío, donde fue recibido como si de un cacique se tratara...

La escena del rescate fue presenciado por Leiva, hombre inteligente, que comprendió el desvió de atención de los Tacariguas...

Las referencias al respecto de este episodio, indican que Leiva sobornó a los guardias para que dijerán que fue otra tribu y no la de Arichuna la que se llevó al portugués. Otras indican que los guardias que se quedaron lo hicieron porque Arichuna había pactado con ellos el rescate del portugués. Un episodio más cubierto por la noche de los tiempos. Leiva siempre se hizo la vista gorda, cuando sus avanzados indicaban que habían visto al portugués en el Señorio...


-No se preocupe soldado- Decía- No hay peor castigo que estar con los salvajes...

Arichuna murió de viejo. Fue de los pocos caciques que tuvo como verdaderos amigos a los españoles. El portugués se convirtió en su cuñado, puesto que se "casó" con una hermana de Arichuna. El cacique fue unos de los pocos indios en presenciar la inquisición y hacerle ver a los españoles que El Dorado solo existía en la mente de los más soñadores...


Las imágenes son de la red.

Hasta aquí puedo contar...

2 comentarios:

Diana de Méridor dijo...

Qué bueno que al menos haya una historia con final feliz, en la que todos se salvan. Reconforta un poco en medio de tanto derramamiento de sangre.

Feliz fin de semana, monsieur. No ando mucho por aquí, pero lo procuro.

Bisous

Katy Sánchez dijo...

¿Que has hecho? He tenido que leer con lupa el post:-(
Me ha encantado este post- Algo conocía de la historia pero no los pormenores que narras. Que hermoso es comprobar la lealtad y la amistad no entienden de barres ideológicas, razas ni religiones y que la honradez no es patrimonio de nadie sino Universal. Toda una lección de historia.
Bss

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